sábado, 30 de octubre de 2010

EN EL INSTANTE EN QUE SE ESCONDIO LA LUNA











Los labios de la noche se apoyaron en mi espera

Susurrándome caminos,

Travesías, amores, dolores y tragedias


Todo se fue transformando

En aquella noche que deseaba ser eterna

Para contar la historia apuñalada

Por el ala de una gaviota

Desatando el frenesí

Que desenfrenó a los lunáticos

Hijos legítimos de la cordura.

Los parió cuando aún era joven,

Fatalmente atractiva

Curvas nómadas, cascadas infinitas

Y sobre todo, cuando era cuerda todavía

Esa misma cuerda que fue aflojando

Cediendo y estirando, más y más

Después de cada parto,

¡Tanto!, que sus pechos

Ya rozaban los cabellos de la luna

Hasta que llegó el día,

La cordura cayó en la copa de plata

Abismo de profundidades excitantes

Despertaron a sus seres primitivos;

Se desbocó el caballo, gimió la yegua

Lloró la luna, aullaron los lobos,

Y estos atravesaron los colmillos en su presa

Se rompió la cuerda y el hechizo

Desvanecieron los límites

Desbordaron los mares de la magia.

Se instaló la noche en el persistir de los días.

Desde entonces,

A la cordura la llaman loca

Y parece que jamás, una mujer enamorada de la noche

Tocó fondo en el pozo de la duda

Pues no dejó la luna de bañarlas con su leche,

De anidarles con paciencia

La inspiración en los cabellos

Les tatuó el instinto en la mirada como una llama,

Fuego sagrado que consume las penas,

Luna madre, luna abuela, luna guardiana de todas las mujeres

Que se vuelcan en la copa de plata.


Luna amiga, luna hermana.

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